Sábado a la noche. Boliche de Palermo. Cumpleaños.
Cena, risas, música, canto, baile. Fiesta, fiesta, fiesta. Piza, cerveza, caipiroskas.
Eran las 5 am cuando
Buenamigo (perdón por la copia del apodo, pero aplica perfecto) decidió volver a su casa. Mi amiga, mi hermana del alma, con la que compartí casi el 100% de mi vida me sorprendió con la noticia de que dos años atrás, cuando dejó de salir con él, lo hizo por mí, porque pensó que a mi me gustaba (aún cuando yo estaba de novia).
Confusión, confusión, confusión. Charla melodramática en el colectivo. Risas.
Era ya el mediodía del domingo cuando mis ideas se aclararon. Mail va, mail viene. Cuentas claras conservan la amistad, amoríos claros también (no es que hubiera posibilidad de que me peleara con ella, pero bueno, es una forma de decirlo en pocas palabras).
A la noche
Buenamigo me pasó a buscar, se acababa de pelear con la novia y hacía mucho nos debíamos una charla. Caminamos incontables cuadras y sí, a veces la soledad pesa mucho, a veces flaqueo, a veces las amistades mixtas incluyen estas cosas. Tres años era mucho tiempo sin que pase nada entre nosotros...