lunes 9 de noviembre de 2009

Hace aproximadamente cuatro meses que estoy sola, muy sola -masculinamente hablando-. Al principio fui feliz, estaba extremadamente relajada, nadie me paraba los pelos cuando me hablaba por msn, nadie me hacía poner histérica cada vez que sonaba el celular, en fin, toda esa tranquilidad en mi vida que me ponía de buen humor.
Pero basta, ya fue, me aburrí de la tranquilidad, quiero volverme loca, quiero esperar que a se conecte alguien, quiero que se me dé vuelta el estómago cada vez que me suena el celular, quiero acción!!

Acepto sugerencias de fuentes de hombres copados para conocer ;)

miércoles 28 de octubre de 2009

Primero -2° Parte-

Bueno, la cosa es así. Él era muy pendejo, yo era muy pendeja. Me faltaban demasiados golpes como para saber qué era lo que tenía que hacer. No es que ahora, después de varios trompazos de la realidad, la tenga muy clara, sabemos que uno nunca termina de recibir las piñas suficientes, pero algo más de experiencia adquirí en estos años como para saber que tuve poco tacto.
Básicamente lo que pasó fue que, después de vernos solo un par de veces “face to face” (y nunca solos, obvio), yo no podía creer como mi camino al casamiento y a la familia con dos hijos y tres perros todavía no había iniciado. Por eso decidí meter manos en el asunto. No hace falta aclarar que me salió como el culo. Maquiné de más, me hice la novela, actué en consecuencia y no pude entender cómo él no participó del mismo culebrón. (Él tampoco estuvo muy bien de todos modos, pero eso no viene al caso).
Después de ese momento llegó el bajón. Con la misma facilidad con la que había construido un castillo de naipes lo tiré al carajo. El otrora Príncipe Azul era un inepto, idiota y muchísimos adjetivos negativos más. Fue un duelo largo, durante el proceso lo crucé un par de veces, y todas ellas fueron raras, bastante bizarras. Finalmente, 5° año, con todo lo que ello implica y sobre todo Bariloche, fueron mi puerta de salida. De salida de él, pero de entrada a mí, a la que soy ahora. Mi personalidad comenzó a gestarse.
Sumé kilómetros de calle, de caminatas, de viajes en colectivo, en micro, en avión; horas de charlas, de terapia.; litros de alcohol; noches; experiencias, muchas nuevas experiencias, muchas estampidas contra la pared; nueva gente, nuevos amigos, nuevos compañeros, nuevos hombres. Sumé una facultad, una carrera, construí una forma de pensar, una forma de ser. Cambié, mucho cambié.
Nunca corté contacto con Primero, seguimos hablando de vez en cuando durante todos estos años. De hecho, después de los primeros meses de odio, ese tiempo que siempre existe cada vez que termino una relación, ese en el que necesito odiar para que el olvido se me haga menos difícil, Primero volvió a caerme bien, bastante bien, pero nunca había creído en la posibilidad de volver a verlo con los mismos ojos con que lo miraba durante aquellos años, nunca hasta hace un par de semanas…

lunes 26 de octubre de 2009

Primero. Primera parte (valga la redundancia)

A Primero lo conocí hace bastante tiempo, no voy a decir mucho porque tampoco soy tan vieja, pero digamos que fue hace un tiempo considerable. Lo llamo Primero porque fue el primero de mis amores más “adultos” por decirles de alguna manera, aunque de adulto tuvo poco, y de amor creo que menos.
A mi me gustaba mucho, pero mi atracción hacia él empezó gracias a una charla. Me atrajo su forma de pensar, su forma de ser (increíble que haya actuado así a los 14 años y no lo haya hecho mucho más adelante en mi vida, cuando correspondía ser menos superficial, pero bueno, ese es otro tema).
Era amigo de una amiga y ella no se enteró de mis sentimientos hasta pasados varios meses desde la reunión en la que comenzaron. No quería decírselo, creo que me daba vergüenza, no sé, no me acuerdo exactamente por qué fue que no hablé en seguida, pero no lo hice.
Durante lo que quedaba de ese año y el siguiente, el lugar de Primero en mi cabeza no fue el principal. La fiesta de 15, los nuevos amigos, los viejos, otros amores –la mayoría platónicos-, y todas esas cosas típicas de la edad lo fueron corriendo del centro. Sin embargo, aunque corrido del foco principal, él nunca se fue de mi cabeza.
Tenía 16 años cuando Primero decidió volver a ser el protagonista de mis pensamientos. Me empezó a mandar mensajes de texto (aclaremos que esto pasó en 2004, cuando los celulares todavía no eran tan populares, razón por la cual yo me volvía loca cada vez que recibía alguno de su parte) y hasta me mandó cartelitos con mi nombre a través de mi amiga (no hace falta decir que casi me muero de amor cuando me los dio).
Todo se mantenía en stand by, hasta que mi amiga decidió hablar. Esa noche fui tan feliz que no pude dormir. Nunca, antes de esa noche, se me había ocurrido pensar que a alguien podía írsele todo el sueño y el cansancio por una alegría, por más grande que esta sea. En esa cena me enteré que él “gustaba tanto de mí como yo de él”, y mi ilusión empezó a inflarse con cada palabra, con cada minuto que pasaba.
Para mí, esa noche se acababa de escribir, sellar, firmar y lacrar mi futuro; y se había escrito, sellado, firmado y lacrado en la misma hoja que el de él. Lástima que no siempre las cosas se dan como uno cree…


Continuará...


Les cuento a las chicas que me aconsejaron en el post anterior y a los que siguen el blog (si es que hay alguien además de ellas cuatro) que ya hablé con mi jefe para no renovar el contrato, él lo tomó muy bien y mis compañeros están contentos por mí. A partir de la semana que viene soy una desempleada más con tiempo para estudiar y escribir, asique estoy muy feliz.

martes 13 de octubre de 2009

Decisiones

Qué dificil es tomar decisiones a veces. Es la segunda vez en mi corta -o no tanto- vida en la que me tengo que enfentar a elecciones complicadas (no es que no haya tenido que elegir otras veces, solo que en general no es algo que me cueste demasiado). Lo que vuelve estas situaciones particularmente complicadas no es, en realidad, la decisión en sí misma, ya que en en el fondo sé perfectamente lo que quiero hacer. Lo que pasa es que siempre hay detalles externos que enroscan la situación. Sobre todo, lo que más difícil me la hace, es afrontar el momento de comunicar lo decidido, aunque sepa que me espera algo mejor, me altera a niveles incalculados comunicar que no quiero seguir con algo.

Ahora estoy enfrentando esta encrucijada en cuestiones laborales. Sé que este trabajo no es lo mío, no me gusta, no me interesa, no me aporta nada. Ni siquiera a nivel humano me muero por quedarme, no es que mis compañeros tengan mala onda, pero no sé, simplemente no son la clase de persona con la que podría establecer buenas relaciones.
No quiero seguir acá, encerrada en un ambiente que no es el mío, en el que todos opinan sobre todo, en donde nadie se informa sobre nada. Yo, que aprendí a encontrarme en un microclima de debate y argumentaciones fundamentadas, ese que describí en el post anterior.
No me hayo cargando datos todo el día, ayudando a que Nike ingrese al país mercadería cosida por nenes esclavos en Indonesia. No me banco tener que hacer cosas para las que no me contrataron.
Me molesta tener que hacer las cosas de la facultad "para cumplir" cuando sé que las haría con mucho placer de tener más tiempo. Odio gastar mis energías en cosas que no me interesan.

Pero... ¿por qué no renuncio?, aunque para ser fieles a la realidad la pregunta sería: ¿por qué no planteo el hecho de no renovar el contrato? No es por la plata, tengo la suerte de poder vivir sin ingresos propios por algunos meses (de hecho podría vivir de mis padres mucho tiempo, solo que no me gusta)
No lo hago porque me cuesta, porque me cuesta enfrentarme a mi jefe y decirle que voy a hacer lo que le prometí que no iba a hacer: abandonar a los 3 meses. Porque dejo a mi compañera con la tediosa tarea de volver a enseñarle a otra persona todo lo que me acaba de enseñar a mí. Porque tengo culpa.
Culpa porque prometí quedarme.
Frustración porque veo que no soy de esas personas que pueden estudiar y trabajar todo el día y me fastidia soberanamente descubrir mis debilidades.
Descepción e insertidumbre porque siento que nunca voy a poder trabajar, me siento vaga, y nunca fui vaga, porque odio ser vaga.

Voy a terminar renunciando (o no renovando contrato), lo sé, pero todo esto se me pasa por la cabeza todo este tiempo previo a hablar con mi jefe y comunicarle la noticia.

jueves 17 de septiembre de 2009

Mi pueblito personal

El sentido de pertenencia que desarrollé hacia mi facultad me sorprende a mí misma. La quiero. Aún teniendo en cuenta lo absurdo y ridículo que eso suena no puedo evitar sentirme así. Tanto aprecio le tengo que no me doy cuenta de lo feo que está ese edificio; no veo las paredes descascaradas, miro sin mirar los baños con los caños rotos o sin puertas. Siento el frío por la falta de estufas o el calor cuando en noviembre urgen los ventiladores, pero no me afecta, no logro que eso me impida tenerle tanto cariño a ese lugar. Ese edificio venido a menos representa, para mí, demasiadas cosas que significan mucho más que los desperfectos técnicos y la falta de mantenimiento.
Cruzar esa puerta me cambió. Ya no soy la misma que circulaba por Corrientes apurada sin ver, siquiera, el obelisco que se elevaba en toda su extensión adelante mío. Ya no soy la que miraba la tele solo por tener ese ruido acompañándome, ya no soy la que leía por leer, ni la que miraba la realidad desde afuera. Ya no soy esa que se callaba en las discusiones familiares por no poder argumentar su opinión.
Los años ahí adentro hicieron de ese espacio mi lugar. Bajo ese techo me siento más local que en mi casa. Cómoda, segura, distinta. En sociales vivo una realidad paralela. Se percibe una calidez humana que no se encuentra comúnmente en otros ámbitos públicos, una confianza que me permite de dejar mi mochila en una silla e irme sin temer perder mis pertenencias. Conozco –aunque sea de cara- a la mayoría de los que circulan y, en esos pasillos, se potencian en gran medida las probabilidades de que me cruce con alguien -sea conocido o no tanto- y me quede charlando o debatiendo sobre algún tema de actualidad (personal o pública). Es, a mis ojos, un pueblo ubicado en el medio de la Capital Federal, es el pueblo en el que siempre quise vivir.
En ese edificio destartalado situado en la intersección de las calles Franklin y Ramos Mejía se respira, definitivamente, otro aire. Un microclima politizado, abierto al debate constante, en donde nada es lo que parece, en donde a todo se le encuentra algún hueco para abrir interesantes discusiones. Burguesía, capitalismo, dicotomía, dialéctica, Frankfurt, aura; todas palabras que se presentan frecuentemente en las conversaciones de los habitantes de esta mini-ciudad. Entre mate y mate, con un vaso de café en la mano, sentados en el piso, durante las clases o mientras recibimos una notable cantidad de boletines con la última información de lo realizado por el centro de estudiantes, nosotros hablamos, como cualquier adolescente, como cualquier persona; pero no podemos evitar las influencias académicas, nos retroalimentamos, nos inyectamos autores mutuamente y terminamos hablando de la noche del sábado con términos Piercianos, del partido del domingo con conceptos Adornianos o de la película del miércoles bajo una mirada Marxista.
Amo que pase eso, adoro las discusiones que generamos. Me encanta cómo los profesores hacen un esfuerzo sobrehumano para que podamos pensar la realidad actual desde distintas perspectivas, que me hagan ser parte de los que no quieren ser parte. Me hace bien que me puteen y me caguen a pedos cuando no razono, cuando no estudio, cuando no polemizo.
Me encanta que me hayan cambiado así, que hayan puesto en marcha mis neuronas y que me hayan abierto los ojos.
Ahora, después de leer todo lo que escribí (de lo que no se si estaba completamente conciente antes de ponerlo en palabras) entiendo mucho mejor mis sentimientos hacia esas paredes despintadas, hacia esas aulas frías y hacia esos baños rotos. Ahora sí comprendo por qué es que esas imperfecciones edilicias no afectan ni van a afectar jamás mis sentimientos hacia la institución y la gente que la compone.



lunes 14 de septiembre de 2009

¿Burlando al capitalismo?


Si llegan a viajar a la China van a encontrar, entre muchas otras cosas, innovadores espacios gastronómicos tales como Bucksstar coffee, Pizza Huh o Mc. Mcdnoald's.
Como las películas de Michael Moore o Los Simpsons, estos tres originales restaurantes se suman a las extrañamente comunes burlas capitalistas al capitalismo...



... ¿Quién sigue sosteniendo que el sistema no es contradictorio?



jueves 10 de septiembre de 2009

Estoy bien, te saqué de mi cabeza y estoy bien. No lo esperaba, no pensé que se iba a dar en ese momento, tan de repente, y que, encima, iba a durar. Menos esperaba este cambio, este cambio para mejor, saber que ya no quiero nada de lo que tenía, nada de lo que quería antes, cuando te quería a vos. No necesito más eso que no me dabas, no tengo más ganas de esperar lo que no me vas a dar. Incluso si supiera que me lo vas a dar, ya no lo quiero, ya no. Me cansé de los jueguitos adolescentes, basta de vueltas y boludeces, es momento de crecer.


Punto aparte.


No puedo estar tan enamorada de esa hermosura radiofónica. Los amores platónicos nunca me faltaron, pero este, definitivamente, no lo esperaba.